Peor el remedio que la enfermedad
administrador | 16 Diciembre 2011 | 15:22La medicación casera para las mascotas, en general puede acarrear mas problemas que soluciones, se acostumbra ante la enfermedad de un animal de casa a echar mano diversos productos farmacológicos desde el botiquín familiar, lo que puede conducir a cuadros de intoxicación que potencialmente dañan el hígado, riñones, pueden ulcerar el intestino, en fin provocar problemas que muchas veces pueden tener peores resultados que la enfermedad que se está tratando.
Es cierto que la mayor parte de los compuestos activos de los fármacos que se acostumbran a usar para la salud humana, se repiten en la farmacología veterinaria, sin embargo, tanto sus protocolos de utilización, como sus dosificaciones son distintos. Numerosos fármacos que tienen utilidad en los seres humanos, no la tienen en los animales, hay que pensar además que los productos de farmacia están hechos para un peso promedio de las personas, considerando las lógicas diferencias entre niños y adultos, por lo que aplicarlas en seres vivos que presentan notables diferencias de tamaño y volumen con las personas es errado y altamente peligroso para las mascotas.
Un ejemplo de lo anterior, se refrenda en un antibiótico de 500 mg que está hecho para una persona con un peso promedio de 70- 80 kg, este mismo antibiótico entregado a un perro con un peso de 20 kg, que corresponde a un peso mediano, significa sobredosificarlo prácticamente en un 300%, hecho que le acarreará distintos problemas, sobretodo hepáticos y renales, dos de los órganos que se encargan de metabolizar las sustancias que son incorporadas en el organismo.
En alguna ocasión el médico veterinario podrá prescribir un producto o fármaco de uso humano, pero prescribirá las dosis que corresponden y desarrollará un protocolo de utilización adecuado para el animal. Se suelen atender en la clínica animales que han sido medicados por sus propios dueños, generando problemas colaterales que pueden comprometer fuertemente la salud animal, este tipo de problemas se definen como iatrogénicos, cuando son provocados por las personas, en este caso de quienes están a cargo de un animal.
En nuestro país, la legislación es precaria respecto de las normativas que se imponen para la venta de productos veterinarios, las vacunas se expenden sin grandes dificultades, sin reparar que el manejo que se le debe prestar a este tipo de productos es bastante exigente, por ejemplo una vacuna que pierda su línea de frío puede llegar a ser particularmente peligrosa, mas aun aplicar una vacuna a un animal que no ha sido examinado por un profesional también lleva implicado un alto riesgo. Una vacuna mal aplicada a un animal adhiere plenamente a la máxima de que es peor el remedio que la enfermedad.
Existen por otra parte, un conjunto de sustancias farmacológicas que no se pueden utilizar en los animales domésticos, dado el alto riesgo de efectos colaterales indeseados, razón adicional para evitar la medicación sin tener los conocimientos ni las competencias básicas para hacerlo.
PEOR EL REMEDIO QUE LA ENFERMEDAD
La medicación casera para las mascotas, en general puede acarrear mas problemas que soluciones, se acostumbra ante la enfermedad de un animal de casa a echar mano diversos productos farmacológicos desde el botiquín familiar, lo que puede conducir a cuadros de intoxicación que potencialmente dañan el hígado, riñones, pueden ulcerar el intestino, en fin provocar problemas que muchas veces pueden tener peores resultados que la enfermedad que se está tratando.
Es cierto que la mayor parte de los compuestos activos de los fármacos que se acostumbran a usar para la salud humana, se repiten en la farmacología veterinaria, sin embargo, tanto sus protocolos de utilización, como sus dosificaciones son distintos. Numerosos fármacos que tienen utilidad en los seres humanos, no la tienen en los animales, hay que pensar además que los productos de farmacia están hechos para un peso promedio de las personas, considerando las lógicas diferencias entre niños y adultos, por lo que aplicarlas en seres vivos que presentan notables diferencias de tamaño y volumen con las personas es errado y altamente peligroso para las mascotas.
Un ejemplo de lo anterior, se refrenda en un antibiótico de 500 mg que está hecho para una persona con un peso promedio de 70- 80 kg, este mismo antibiótico entregado a un perro con un peso de 20 kg, que corresponde a un peso mediano, significa sobredosificarlo prácticamente en un 300%, hecho que le acarreará distintos problemas, sobretodo hepáticos y renales, dos de los órganos que se encargan de metabolizar las sustancias que son incorporadas en el organismo.
En alguna ocasión el médico veterinario podrá prescribir un producto o fármaco de uso humano, pero prescribirá las dosis que corresponden y desarrollará un protocolo de utilización adecuado para el animal. Se suelen atender en la clínica animales que han sido medicados por sus propios dueños, generando problemas colaterales que pueden comprometer fuertemente la salud animal, este tipo de problemas se definen como iatrogénicos, cuando son provocados por las personas, en este caso de quienes están a cargo de un animal.
En nuestro país, la legislación es precaria respecto de las normativas que se imponen para la venta de productos veterinarios, las vacunas se expenden sin grandes dificultades, sin reparar que el manejo que se le debe prestar a este tipo de productos es bastante exigente, por ejemplo una vacuna que pierda su línea de frío puede llegar a ser particularmente peligrosa, mas aun aplicar una vacuna a un animal que no ha sido examinado por un profesional también lleva implicado un alto riesgo. Una vacuna mal aplicada a un animal adhiere plenamente a la máxima de que es peor el remedio que la enfermedad.
Existen por otra parte, un conjunto de sustancias farmacológicas que no se pueden utilizar en los animales domésticos, dado el alto riesgo de efectos colaterales indeseados, razón adicional para evitar la medicación sin tener los conocimientos ni las competencias básicas para hacerlo.
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